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¿Por qué a veces nos sentimos perdidos, vacíos y sin energía?

Amigos, conocidos y desconocidos llegan a mi vida para consultarme temas personales. Conversamos sobre nuestra situación, nuestros sueños y nuestra forma de vivir. La pregunta que más me plantean es ¿Por qué a veces me siento perdido, sin motivación, y sin energía?

Si tu también te identificas con esta pregunta, sigue leyendo, porque en éste post, te voy a explicar mis 3 razones por las que nos sentimos perdidos, vacíos y sin energía.

Razón 1: Hemos perdido la conexión con nuestro niño interior

En algún lugar del camino nos hemos desconectado del niño que vive en nuestro corazón. Un niño encerrado en un cuerpo de adulto. Un niño, en ocasiones asustado, por los cambios que se han producido en nuestra vida. Un niño que quiere vivir en el amor.

Ocultamos a ese niño a causa de las imposiciones de la sociedad, (nos dicen que hay que ser adulto, que hay que crecer), o porque nuestra mente quiere controlarlo todo y nos lleva al borde de la locura. A veces lo escondemos en la superficie, y en otras, lo encerramos tan profundamente, que nos hemos olvidado que está ahí.
Sin embargo, esa voz interior sigue llamando nuestra atención. Es una voz conocida por nuestra alma. Una voz que quiere ser libre, una voz que quiere amar y ser amada.

La buscamos sin descanso, en libros, en lugares lejanos, en compañías externas, en conferencias, en proyectos económicos, y cuanto más la buscamos fuera, más nos alejamos de nosotros, y más perdidos nos sentimos.
En su búsqueda, nada nos deja satisfechos, ni nos permite ser felices: ni el dinero, ni los viajes, ni la pareja. El sentimiento de abandono, cada vez, se hace más intenso, y esa pérdida nos destruye lentamente.

Quien quiera encontrase y evitar la sensación de abandono, le propongo que busque esa voz interior en lo más profundo de su alma. Para escucharla, os invito a sentaros en silencio junto a un árbol. Tocarlo, acariciarlo, sentirlo. Hacerlo sin tiempo. Lentamente. Sólo por el placer de sentir. Si lo hacéis, habrá un momento que escucharéis esa voz, y descubriréis que pertenece a un ser extraordinario, lleno de luz, de magia, y de vida. Un ser que sólo quiere vivir, que únicamente quiere reír, que sólo quiere ser. Descubriréis a un niño pequeño encerrado en un cuerpo de adulto que quiere amar y ser amado: Os encontraréis con vuestro niño interior.

Cuando volvemos la mirada hacia el niño que guardamos dentro, descubrimos una energía superior que vive en nosotros y que nos protege. Una energía que jamás nos abandona, y que nos dice continuamente: “Haz lo que amas y serás feliz”
Razón 2: Tenemos una autoestima baja o inexistente

Cuando nuestra autoestima es baja o no existe, se produce un vacío terrible en nuestra alma, y eso nos lleva a la falta de motivación y de ilusión.
No tenemos motivación porque no nos amamos, porque hemos renunciado a nuestros sueños, porque dependemos de lo que opinan los demás de nosotros.
La motivación nace en el corazón y se nutre de una buena autoestima. Alcanzamos una autoestima sana cuando nos valoramos, nos reconocemos y nos apreciamos. Tenemos motivación, cuando nos amamos, cuando seguimos nuestros sueños y hacemos lo que nos gusta y nos hace feliz.

No tenemos ilusión en nuestra vida, porque nuestra alma está agotada, sin fuerzas, sin energía. Nos falta la ilusión, porque dudamos de nosotros, porque nuestra autoestima está casi destruida y no encontramos motivos para seguir viviendo.
La ilusión son vitaminas para el alma. Cuando nos ilusionamos nos llenamos de fe, de esperanza, y de energía constructiva.
La ilusión se recupera cuando comenzamos de nuevo a escuchar el corazón, cuando llenamos de esperanza nuestra alma, cuando tenemos confianza y respeto en nosotros mismos
Una manera sencilla de recuperar la ilusión y la motivación es disfrutar de lo que nos provoca placer, de lo que nos llena de alegría, de lo que nos aporta felicidad…

Razón 3: Nos falta gratitud

No agradecemos a la vida lo que tenemos, y eso nos lleva a quedarnos sin energía. Cuando vivimos en lo que nos falta, en nuestras carencias, y en nuestros miedos, nos vaciamos, nos quedamos sin fuerzas.
No tenemos energía, porque vivimos acelerados, porque vivimos en un estrés continuo que nos descarga y nos destruye.
Recuperamos nuestra energía cuando bajamos el ritmo, cuando respiramos profundamente, cuando damos gracias por la vida.
Nos llenamos de fuerza, cuando nos amamos a nosotros mismos, cuando nos sentimos valiosos y útiles, cuando escuchamos a nuestro niño interior.
Tenemos energía cuando conectamos con la Energía que nos da la vida.

En conclusión,

Nadie nos puede ayudar a encontrarnos, porque nunca nos hemos perdido.

Nadie nos puede acompañar a recuperar la energía, porque esa energía interior siempre vive en nuestro interior y es la que nos hace respirar y vivir.

Nadie puede ayudarnos a llenar nuestro vacío, porque desde que nacemos, somos completos y nunca nos vaciamos.

“Para dejar de sentirnos perdidos, vacíos y sin energía, la clave reside en descubrir a nuestro niño interior, tener una excelente autoestima y vivir en la gratitud”

Buena búsqueda, buen viaje, buena vida…

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