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El armario mágico

Cuenta una leyenda que en la Vía Láctea, se encuentra el laboratorio donde Dios, también llamado Universo, por los no creyentes, crea las almas de todos los integrantes de lo conocido y lo desconocido.

Un día, al amanecer, mientras el maestro trabajaba entre alambiques y tubos de ensayo, su discípulo, el Sol, atento a todos sus movimientos, le preguntó:
—Maestro ¿Es posible crear un ser perfecto?

El Padre Universal lo miró divertido y habló:
—Desde hace millones de años, investigo y experimento con seres de todos los planetas y constelaciones, y hasta ahora, no lo pude conseguir.
He buscado entre millones de estrellas, y hace un tiempo encontré este pequeño trozo de asteroide azul, llamado Tierra. Me pidió que le diera vida, porque no quería vivir solo.

Atendí a su ruego y me propuse crear en el, una raza perfecta. Mi trabajo en el laboratorio fue agotador, realicé miles de experimentos, y al cabo de cientos de años, creí hallar un ser insuperable; una especie inteligente, fuerte, sensible, bella…

El Sol, extasiado ante la explicación de su mentor le apremió:
—Sigue, sigue.
—Creé dos replicas, uno de género masculino, llamado hombre, y otro de género femenino, que respondía al nombre de Mujer —su Maestro señaló dos alambiques y le explicó. —Por aquellos días diseñé dos recipientes idénticos, cada uno de ellos contenía algunas diferencias, de cualidades y de emociones. En el recipiente verde de la derecha, se encuentra el lado femenino y en el rojo de la izquierda, el masculino.
Ante los ojos de la estrella, se alzaban dos tubos de ensayo de distinto color.
—Quise crear unos seres de proporciones impecables —aclaró su Maestro. —Cuando el alma corresponde a una mujer, coloco un 81% de feminidad y un 19% de aire masculino.

—¿Qué es la feminidad?¿De qué materia está hecha?
—La materia femenina son más complejas, y los ingredientes imprescindibles que lo forman son; el amor incondicional, la capacidad de escuchar, la sensualidad, la sensibilidad, la comunicación, la entrega, la fidelidad…, y casi todas las emociones que componen el espíritu Universal.

—¿Qué contiene la zona masculina?¿Como son los hombres?—le preguntó el discípulo.
—la materia masculina es más simple: Son fuertes, poderosos físicamente, directos…, pero ese hombre al que yo creé, le introduje una energía singular, necesitaba que procreara y le regalé la sexualidad en su máxima expresión. Sus ingredientes principales llevan impregnados el sexo, la independencia, el sexo, los celos, un poco de amor, más sexo, la libertad, el libertinaje, mucho más sexo…

La estrella solar comenzó a reír:
—El sexo se repite mucho.

El Universo se rió con tal energía que sus carcajadas removieron las constelaciones. —Sí, es la parte más sobresaliente de su personalidad.

—Maestro, si el hombre y la mujer son perfectos, ¿Por qué creaste a los homosexuales, a las lesbianas o a los bisexuales? Yo, desde este cielo, escucho miles de voces en ese planeta que dicen que estos seres que van en contra de la naturaleza. No lo entiendo.
El Maestro le explicó con ternura:
—Cuando creé a los humanos y los mezclé es esas proporciones, pensaba que serían intachables, perfectos, pero mi sorpresa fue tremenda cuando descubrí acontecimientos diferentes a los que yo había programado desde el principio de los tiempos; Guerras, dolor, muertes…, a veces simplemente por el color de la piel, por las diferencias de género o de pensamiento religioso, se mataba y se destrozaba a la gente. Como colofón, la mayoría de los hombres eligieron el poder: Se sentían superiores a las mujeres y comenzaron a denigrarlas, a humillarlas y a esclavizarlas.
Ellas por su parte, debido a la fuerza de la religión, o por miedo al hombre, o en la mayoría de las veces, por la propia sociedad femenina, se rindió. A partir de ese momento, se unieron a los hombres con actitudes de celos, de posesión y de esclavitud.

El Universo le dijo a su querida estrella:
—Entonces comprendí que la perfección que buscaba en los humanos era casi imposible, y ya que nunca conseguiría un ser perfecto, quise conseguir más seres imperfectos, y cambié los porcentajes; Una de esas veces elegí un cuerpo físico de un hombre y le añadí un 81% de energía femenina y un 19% de poder masculino y nacieron los homosexuales. Otro día, agregué un 81% de viento masculino, y un 19% de esencia femenina en un cuerpo de mujer, y creé las lesbianas. Comprobé que esos seres no querían guerras, ni destruir, ni combatir, y me quede sorprendido de sus sentimientos.

El Sol, asombrado e interesado en el descubrimiento del Universo, le preguntó:
—¿Qué hiciste a continuación? —Mi siguiente paso fue invitarles a vivir, que ocuparan las laderas de los ríos, las montañas, que se integraran con las gentes de las ciudades. Ellos amorosos, se mezclaron, junto a los sentimientos que portaban dando lugar a miles de emociones.
Comprendí que los homosexuales y lesbianas querían la paz, deseaban la amistad con otros seres humanos, querían ser ellos mismos, vivir auténticos, ser fieles a su esencia y conseguir el don supremo: La Felicidad. Esa era su gran aspiración —continuo su maestro. —Eran más creativos y sensibles. Podían ser los mejores amigos y mantenían el amor por la vida en sus actos diarios.

—¿Y porque ser homosexual o lesbiana ha sido tan perseguido?
Mientras hablaba unas nubes ocultaron el rostro del Universo, y un halo de tristeza le envolvió:
—Algunos humanos que antes me aclamaban, me criticaron y comenzó una caza de brujas contra ellos, por ser diferentes. Las críticas, los golpes y el desprecio, subieron en intensidad. Los apartaron y estigmatizaron. Ellos, avergonzados, y temerosos, se ocultaron en un gran armario que yo mismo diseñé. Y así han estado durante muchos siglos.
Los que de allí salían, los señalaban, los golpeaban, e incluso a veces los quemaban. Los que se quedaron, vivieron con el miedo, en el sufrimiento y en el terror durante cientos de años.

—Maestro. Muchas personas dicen que las parejas tienen que estar constituidos por un hombre y una mujer, y cualquier otra opción es aberrante. Y esa forma de entender las relaciones está avalada por diferentes religiones.
—Es verdad que algunas religiones actúan, castigan y no aceptan a esas parejas. Yo te voy a recordar a uno de mis hijos; El vino a la Tierra hace más de 2000 años. Fue un ser generoso, transgresor, que aceptó, amó y convivió con hombres y mujeres sin importarle su identificación sexual, su color o su raza. Algunas de sus palabras siguen siendo valiosas y de total actualidad. Sobre todos sus mensajes hay uno que debemos recordar; “Amaos los unos a los otros”
El no dijo, hombre ama solo a una mujer, y a una mujer, ama solo a un hombre. Esa fue la filosofía de aquel hombre llamado Jesús, y si escuchas sus palabras comprenderás lo que llevan oculto; “Hemos venido a este mundo para vivir en el Amor, para ser felices y permitir a cada persona desde su libre albedrió, encontrar su camino”.

Después de escuchar su mensaje, y ver tanto dolor y sufrimiento. Decidí cambiar la situación. Una gran parte de los hombres y mujeres, llamados homosexuales y lesbianas, vivían encerrados en un armario gigante con barrotes invisibles, y pedí a los ayudadores de almas y a otros profetas de otras religiones, que abrieran las puertas. A partir de ese día, pudieron manifestar su condición, sin miedo a ser perseguidos, criticados o golpeados, Y desde ese día fueron libres.

La estrella asintió entusiasmado las explicaciones de su mentor.
El maestro, comprensivo, acarició sus rayos y continuó con su trabajo en el laboratorio. El Sol, se quedó durante muchas lunas observando como utilizaba los alambiques, y los tubos de ensayo, creando sin descanso seres humanos. El Universo movía sus manos con rapidez; energía masculina y femenina, a la izquierda, a la derecha formando hombres y mujeres heterosexuales, y de vez en cuando con una sonrisa, añadía más ingredientes en otros tubos de color del arco iris.
De esa mezcla nacían otros seres que eran los protagonistas de esa diversidad de color, sensualidad y sensibilidad en la Tierra, lo que los hombres llamarían más tarde, la sal y la pimienta de la vida.

La estrella solar escuchó las últimas palabras del Universo:
“El amor es lo único que nos salva. El amor nos da vida y nos hace sentirnos plenos. No importa la identificación sexual, importa el Alma”

Todos los seres humanos son iguales. Las diferencias sexuales tanto físicas como emocionales, tiene el valor justo, el que yo les otorgó. Heterosexuales y homosexuales comparten las mismas emociones. Son seres humanos que enferman, sonríen, lloran, gritan, aman y mueren. Su deseo es vivir en paz y ser felices. Un día mueren y regresan a la energía primigenia donde no hay sexo, ni raza, ni religión…

La sociedad donde hemos nacido nos condiciona a través de la educación recibida y el medio donde nos desarrollamos. Ahora, he cambiado las leyes, y la sociedad ha abierto su mirada, la ha hecho más amplia, y más flexible. La clave para ser felices es aceptar que todas las personas vivan de acuerdo a sus emociones, a sus sentimientos, y a su corazón.

Ser heterosexual es maravilloso, extraordinario, sublime…, y ser homosexual o lesbiana, es igual de mágico, prodigioso y bello. Todos los seres humanos aspiran a alcanzar la felicidad sin distinción de sexo, raza o religión. Cada uno elige como quiere vivir.

Este cuento está dedicado a los que han sufrido y sufren humillaciones, vejaciones, e incluso han muerto por defender su forma de vivir. Dedicado a quien luchan por su libertad y su condición sexual.

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