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La mariposa azul

La mariposa azul
Un cuento sobre los celos y la libertad

Cuenta la leyenda que en un lejano lugar cerca del Edén, se unían las aguas del río Negro con las del río Amazonas. En aquel misterioso paraíso, existía una selva, tan hermosa, que era considerada el corazón del planeta Tierra. En el centro del bosque habitaba una bellísima mariposa, su nombre: Isis.
Era de un precioso color azul y su belleza competía con el atardecer; sus pupilas desprendían magia, y quien posara sus ojos en ella, se quedaba hechizado para toda su vida.

Un día, un joven caminante llamado Aquiles, de tez oscura, pelo cobrizo y ojos brillantes como soles, caminaba por la jungla. Durante su paseo, descubrió a la mariposa azul que se dejaba acariciar por el viento, y la brisa seducida por su belleza, transportaba la fragancia que emanaba de su pequeño cuerpo a todo el Universo.

El joven, cautivado por el colorido y el aroma de la mariposa, se sintió invadido por una sensación de paz, y sin saber como, se alteraron sus sentidos; y se enamoró de ella. Su corazón, como un corcel a galope, amenazó con desbocarse, y sin detener el pensamiento, le envió el amor que brotaba de su alma, y le pidió a su Dios que ella le amara.

La mariposa, al sentir esa caricia en su alma, voló hacia el joven, y depositó un beso en su mejilla.
— ¡¡Me ama, me ama!! — grito al viento Aquiles.
Ella, enamorada del amor, lo besó de nuevo en los labios, y entre risas se deslizó en la palma de su mano.
Él, la contempló con pasión, sintió una enorme dulzura y vio en el azul más profundo de sus ojos que todo lo que había sucedido en su vida tenía sentido. A partir de ese instante, la felicidad y el amor se instalaron en aquellos corazones solitarios…
Los minutos se hicieron horas y las horas días. Cada atardecer, cuando el sol se ocultaba en las copas de los árboles, la mariposa se despedía de su amado y volaba al nido con su familia.

El joven, enamorado, observaba a su amada que se perdía en el bosque, y en aquellos momentos de soledad, aparecían sus miedos, sus celos, sus dudas…, y comenzaba una gran batalla por el control de su espíritu. Su mente inconsciente, la voz oscura y negativa del hombre, le hablaba con sutileza;
— Ella se va, no te ama. Quiere estar con sus padres y con sus amigas, no quiere estar a tu lado, ¿Tú crees que eso es amor?
El corazón del joven, generoso y comprensivo, le suplicaba una y otra vez;
— No escuches esa malvada voz, Isis te quiere y su amor por ti es infinito…
Confuso, se detuvo, necesitaba saber a quien debía escuchar. Una brisa suave con esencia a jazmines lo envolvió y le dio la respuesta. Eligió amarla y cerró con llave los pensamientos infelices y arropado por una Luz verde, se quedó profundamente dormido.

Cada amanecer, Aquiles volvía al centro de la selva y se encontraba con la mariposa; compartían los paseos, la lluvia, las noches de luna…, dormían juntos y amanecían agradeciendo al sol sus rayos dorados que iluminaban sus caminos. Un sentimiento nuevo acababa de nacer en sus corazones. El amor reinaba en sus vidas, pero de las tinieblas del alma una voz negativa le gritaba cada vez que ella se despedía;
— No te ama, te utiliza y te abandonará.
Su corazón peleaba sin descanso y le susurraba con cada latido;
— Confía en el amor, confía en ella…
Hasta ese momento, la luz ganó todas las batallas, aunque después de cada combate, la voz maligna estaba convencida de ganar la batalla final.

Y ese momento llegó:
Una madrugada llegaron a la selva, tres caminantes de aspecto fornido y jovial. Entusiasmado, el joven les saludo y pensó:
— Que alegría, por fin tendré amigos con quien hablar y recorrer la jungla.
La mariposa azul contempló como su amor recibía con una sonrisa a los extranjeros y confiada se les acercó con un batir de alas. Al ver que su amado saludarlos y conversar con los visitantes, se posó en sus rostros y como símbolo de bienvenida, los besó en las mejillas.
Los viajeros estaban maravillados de la luz iridiscente que desprendía la mariposa y la sutil fragancia que emanaba de su cuerpo. Aquiles, no supo que decir ni que hacer. Cerró los ojos durante un segundo y se mantuvo en silencio. Sus miedos volvieron a aparecer, un nuevo enfrentamiento por el control de su esencia acababa de iniciarse. Su mente, ocupada por pensamientos crueles, le tapó la boca al corazón y con palabras victoriosas, afirmó:
— Te lo advertí, ella no es buena. Mira como coquetea con tus amigos, observa cómo disfruta cuando vuela con sus compañeras y se ríen de ti…— Con una voz sinuosa y algo malvada, sembró en su alma un veneno mortal; — ¿Qué va a suceder con estos caminantes? Isis se irá con ellos de la misma forma que se va con sus amigas y esta vez, no volverá.
Los celos, aliados de esa mente angustiada, le dieron un último apretón a su pecho; — Ella me ha dicho que no te ama, que no te desea, que no quiere volar cerca de ti…El joven, vulnerable ante esos ataques, dudó del amor de la mariposa, y sin fuerzas para luchar, se rindió: << Es verdad lo que dice mi mente, me la quieren quitar, y ella es mía. Soy el único que tiene derecho a verla. No quiero que vuele para nadie, ni que vea a su familia, ni a sus amigos…, me pertenece, la quiero solo para mí >>

Y como tantas otras veces, el pensamiento sombrío, venció al corazón. Ciego de rabia y de dolor, el caminante abrió la palma de su mano y la llamó. Isis, enamorada, se posó en la diestra de su amor.
— ¿Qué deseas mi vida?
Aquiles, obnubilado por la oscuridad, cerró el puño, la dejó prisionera y la ocultó del resto del mundo.
— ¡¿Qué haces mi amor?, me asfixias! — le suplicó asustada la mariposa — ¡¿Qué sucede?, abre la mano por favor, no puedo respirar, me matarás…!

El joven caminante, angustiado por el sufrimiento y agobiado por las emociones oscuras, no la oía, no la quería escuchar, a su alma solo venían las palabras llenas de miedo y de odio, voces sutiles que habitaban en su atormentada mente. El corazón intentaba convencerle de su error…, aunque sus pensamientos negativos, se lo impedían. Se sentía perdido, sin rumbo…, y cerró su puño con más y más fuerza.

Aquiles emprendió la fuga sin atender a los gritos de dolor de la mariposa. Huyó a lugares lejanos donde nadie viera a su amada, donde sólo estuvieran ellos dos. Durante la huida, la luna se ocultó siete veces siete, y una noche llegaron a una hermosa laguna, solitaria, de verdes aguas, donde vivían las flores desde el comienzo de los tiempos.

El joven comprobó que no había nadie cerca y pensó:<< Este es el lugar, aquí estaremos solos, aislados de otros ojos, de otras voces… Ella es mía, me pertenece solo a mi… >> Sonrió y abrió la mano para contemplarla. En ese instante un grito de horror estalló de sus labios. No podía creer lo que sus ojos veían;<< La bella mariposa había perdido el polvillo de sus alas, ya no podía volar. El color azul tornasolado de sus pupilas se había vuelto negro, sus ojos sin vida eran opacos, estaba ciega >>
— Sólo volé para sentir tu amor — le susurró Isis mientras agonizaba. — Únicamente te he amado a ti y ahora muero a tu lado para que tú aprendas lo que es el amor incondicional.
— Lo siento, no he querido hacerte daño — se intentó disculpar el joven entre sollozos. — Perdóname.

La bella mariposa, casi sin fuerzas, murmuró; — Mi amor, te entregó mi vida, pero antes de irme te dejo mis sensaciones;
<< Los que viven con temor, con ansiedad y con miedo de perder lo que creen suyo, permiten que los celos, el dolor y el odio se apoderen de su alma >>
El joven, horrorizado le suplicó; — No te mueras, por favor, haré cualquier cosa para que vivas…
La mariposa azul con un esfuerzo agónico, acercó su boca a los labios del Aquiles y musitó:
— Te amo y te amaré para toda la eternidad. Lo besó con suavidad, cerró los ojos y exhaló su último aliento.
El joven, desconsolado, cayó de rodillas al suelo. Su corazón preso de sufrimiento y de dolor, abrió las puertas al llanto, y entre lágrimas comprendió el mensaje de su amada mariposa. << El que ama, ama sin condiciones y sin límites. Si cortamos sus alas, no volará para nadie, pero tampoco para ti, y el resultado de esa mutilación será la muerte del amor… >> Aquiles sentía que apenas tenía fuerzas para vivir…, el mundo se derrumbaba a su alrededor. Abrazó el cuerpo sin vida de la mariposa y se dejó caer en el lago, para morir de dolor junto a ella, para morir de amor…

Reflexión:
El amor posesivo se nutre del miedo, la desconfianza y los celos, el verdadero amor nace del respeto, de la confianza y de la comunicación…
>> Ese auténtico amor es un sentimiento único. Se basa en los proyectos comunes, en la generosidad y en la complicidad para alcanzar la armonía y el equilibrio.
>> El amor es libre cuando tiene su tiempo, su espacio y su libertad para crecer, y cada ser humano entiende que la decisión es personal a la hora de elegir su camino.

“Los celos nacen en la parte más oscura de nuestra alma y nos llevan de viaje al infierno” Juan Cayuela

“El verdadero amor, es el deseo inevitable de ayudar a otro, para que sea quien es” Jorge Bucay y Silvia Salinas

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