no_dejes_para_manana

No dejes para mañana…

Luisa acababa de cumplir 18 años. Sentía que tenía todo el tiempo para vivir, sin embargo, la frase que más le gustaban utilizar era “Ya lo hare mañana…”

Su padre discutía a menudo con ella:
– Por favor, ayuda a ordenar tu habitación. -Ya lo hare mañana ahora estoy con el ordenador.
– Estudia lo que te gusta y disfrutaras de la vida que quieras. – Cuando lleguen los exámenes estudiare.
– El ejercicio físico te aporta una energía sana. – Ya hare deporte mañana, ahora estoy cansada.
– Vives en el rencor, en el resentimiento, y es importante para ti, que perdones y olvides. – Será para ti, yo no quiero perdonar, ni olvidar. Algún día cuando sea mayor, si quiero lo haré.
– Dile a la gente que quieres, cuánto los quieres. – Lo haré mañana si me apetece.
– Cariño llevas 12 horas en la cama, sal fuera, disfruta, ve a la naturaleza y llénate de vida, de aire fresco. – No me molestes, estoy cansada, ya lo hare la próxima semana.
– Te pareces a tu abuela Lucia. Siempre deja las cosas para mañana.
Luisa discrepaba con su padre. Ella pensaba que no pasaba nada por dejar las cosas para mañana, que era algo que hacía todo el mundo.

Un día, sus padres le comunicaron una terrible noticia. Su abuela Lucia, tenía un cáncer terminal y le quedaban pocos días de vida.

Fueron a verla al hospital y antes que terminase la visita, la abuela pidió a su nieta que se quedara con ella a pasar la noche , que quería hacerle un regalo. La joven aceptó a regañadientes.

Momentos antes de que Luisa se acostara, su abuela le dijo:
– Cariño, no demores en hacer las cosas, hazlas y vive. Mírame a mí, siempre he postergado, nunca he hecho nada de lo que quería hacer, lo dejaba todo para mañana, y ahora me arrepiento.
– Pero abuela, yo no soy como tu. Algún día realizaré muchas cosas, pero ahora no es mi momento. – le respondió Luisa.
La mujer mayor le acarició el cabello, la abrazó y le dijo al oído: – No dejes para mañana…
Acto seguido, su nieta se quedó dormida en su pecho.

Al día siguiente, Luisa se despertó con una sensación de frío en su cuerpo. Al abrir sus ojos vio que su abuela no respiraba. Comenzó a gritar y a llamar a las enfermeras. Acudieron con rapidez e intentaron reanimarla pero fue inútil. Había fallecido.

Los días siguientes fueron traumáticos para Lucia. Su mente flotaba sin orden ni control. Su cuerpo vagaba por la casa. Su alma se había escondido. Sus padres la intentaban animar, pero no servía de nada.

Un atardecer salió de la casa y se acercó a una pequeña cala. Allí, metió los pies en el agua, y levantó los ojos al cielo:
– La vida es un lugar de sufrimiento y de dolor – gritó al viento. – Si al final morimos ¿para qué sirve la vida?
A continuación, observó que enfrente de ella, una mujer totalmente desnuda, salía del mar. Fue hacía ella, se vistió bajo su atenta mirada y se dirigió a la joven como si la conociera de toda la vida.
– Luisa, siento que sufres mucho. Si quieres puedo ayudarte, pero no te demores, has de decidirlo aquí y ahora. Has de asumir tu responsabilidad en la vida.
– ¿Cómo sabe mi nombre?
– Todos somos uno – respondió enigmáticamente. – Hace mucho que se de ti, pero lo más importante es que si me acompañas, te puedo ayudar a que encuentres la paz.
Las palabras de la mujer la desarmaron, y decidió acompañarla.

Caminaron por más de dos horas, hasta que llegaron al cementerio de su ciudad.
– ¿Por qué estamos aquí? – Pregunto Luisa.
– Si quieres saber la respuesta, sigue mis indicaciones: Entra sola en el camposanto. Recorre las calles. Habrá un momento donde una energía te atraerá sin posibilidad de escapatoria hacia un lugar. Acércate a él porque entonces, podrás hacer una pregunta que te será respondida.
Antes de que la joven hablara, la mujer le guiño el ojo izquierdo y se alejó.

Luisa se quedó estupefacta. De repente, sus piernas como si tuvieran vida propia, se pusieron en movimiento. Entró en el cementerio y recorrió las calles. Vio tumbas con rostros de jóvenes amigos suyos muertos en accidentes de moto, otros conocidos que habían fallecido por enfermedades repentinas, fotos de niños y de adultos que la miraban con tristeza. Estuvo unos diez minutos paseando, hasta que se sintió atraída por la parte alta. Expectante caminó hacía allí. Lo que encontró le provocó desconcierto. Era la tumba de su abuela Lucia !!!
Lloró amargamente y se abrazó a la lápida. De lo más profundo de su alma brotó una pregunta:
Abuelita, si pudieras volver a vivir y darme un consejo ¿cuál sería?
Una voz reclamó su atención. Abrió los ojos y se encontró que su abuela estaba a su lado. Luisa incrédula, no sabía qué hacer ni que decir.
La mujer habló:
– Mi querida Luisa, escucha con atención porque este es mi mensaje:
¡¡¡¡¡ Vive, vive, vive !!!!! Vive cada segundo como si fuera el último de tu vida, porque algún día lo será.
– Vive. No demores el vivir. Deja de postergar las cosas. Adquiere un compromiso consciente contigo.
– Vive. Conoce tus cualidades, tus dones, y utilízalos para cumplir tus sueños.
– Vive. Escucha el corazón, y sigue tu camino. El corazón nunca nos engaña, la mente si. Lo único que permanece es lo que damos con el corazón. Lo que permanece es la energía que ofrecemos, porque la materia no existe, desaparece con el tiempo, así que vive con el corazón.
– Vive. Dile a la gente que quieres, cuánto la quieres. Llama a tus seres queridos, a tus amigos, etc. No esperes a una enfermedad o a una muerte para decirles cuanto los amas.
– Vive. Anota tus sueños y ve a por ellos.
– Vive. Apártate del rencor, y del odio. Pide perdón, y perdona. Hazlo antes de que sea tarde y no lo puedas hacer.
– Vive. Si estas en un lugar que no amas, aléjate de allí. Si estas con una persona que no amas, aléjate de ella.
– Vive en el amor y ayuda a los demás.
– Vive, vive, vive el momento presente, haciendo lo que te gusta y te hace feliz, sin dañarte, dañar a nadie ni a la naturaleza.

Entre lágrimas de felicidad por las palabras de su abuela, Lucia agradeció a su abuela por el regalo que le había echo y la abrazo.

En ese momento, alguien acarició su rostro. Al abrir los ojos se encontró que estaba en la habitación del hospital, acostada en la cama. Su abuela le sonreía y le acariciaba el pelo.
– Ha sido un sueño!!! – gritó Luisa
-¿Estás bien? – escuchó decir a su abuela.
– ¡¡¡¡¡ Vives !!!!! – exclamó la joven
– Por ahora si. Pero algún día moriremos todos – respondió la abuela Lucia con una sonrisa. – ¿Sabes que te quiero mucho?
– Ahora lo sé. Gracias por decírmelo. Me encanta que me lo digan, porque me dan ganas de vivir.

Mientras hablaban y reían, llegaron los padres de Luisa acompañados de una doctora. Para sorpresa de la joven, era la misma mujer que había visto en la playa.
– ¿Quién es usted? – le preguntó.
– Soy la doctora Isabel. Quien atiende a tu abuela. – respondió ella
– La he visto en mis sueños.
– Los sueños nos señalan el camino a seguir – dijo la mujer, y le guiño el ojo izquierdo. Después se volvió a la mujer mayor – Nos hemos equivocado en el diagnóstico. Aún le queda muchos años de vida!

A partir de ese día, Luisa decidió:
– Vivir, dejando de postergar las cosas, anotando sus sueños y comprometiéndose a realizarlos en un tiempo determinado.
– Vivir, escribiendo lo que le hace feliz y realizándolo.
– Vivir, saboreando cada segundo de su vida.
– Vivir, empezando a decir a la gente cercana cuánto la quería.
– Vivir, pidiendo perdón por sus errores, y perdonando a quienes la dañaron.
– Vivir, haciendo lo que ama.
– Vivir, ayudando a los demás.

Y sobre todas las cosas, decidió:
– Vivir, eligiendo ser feliz en cada respiración, en cada sonrisa, en cada lágrima, con lo bueno y lo malo, con la luz y la oscuridad.

“Con éste cuerpo físico sólo tenemos una vida. Vamos a honrarlo, a cuidarlo, a mimarlo, vamos a disfrutar cada segundo de la vida, vamos a gozar de la gente que queremos. Vamos a vivir en el amor, a sentir una amanecer, a disfrutar del mar. Vamos a disfrutar de este regalo tan maravilloso que nos han hecho que se llama vida, vamos a vivir en armonía en este momento presente“

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