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Santi, el hombre feliz

Un cuento sobre la felicidad

En una reunión de amigos, César, el anfitrión, se encuentra con un viejo camarada y delante de todos le preguntó:
—Santi, la gente murmura que eres feliz, ¿son ciertos esos rumores?

El joven, sorprendido por la pregunta, lo miró con una sonrisa en los labios:
—Sí, soy feliz. Me gusta cómo vivo, tengo la pareja que quiero y disfruto de mi trabajo. Me siento feliz al disfrutar de mis amigos, y al vivir rodeado de bellos lugares y de buena gente… —El joven, inundado por esa dulce sensación, cerró los ojos y afirmó—. Soy muy feliz y me siento en paz…

Una mezcla de escepticismo, envidia y sorpresa envolvió al grupo, como una serpiente sinuosa que amenazaba con devorarlos.
—Eso es imposible —contestó con acritud Amparo—. La felicidad como tal no existe, es solo un tópico. Quienes piensan como tú son personas peligrosas para la sociedad, porque son unos embusteros, unos farsantes…

Jorge, otro viejo amigo, prosiguió indignado:
—Yo no creo que nadie sea totalmente feliz, siempre hay algo que te lo impide… Cuando estás bien con tu pareja, tienes problemas en el trabajo, cuando el trabajo va bien, existe alguna historia en la familia. Los que dicen que son felices están locos de atar, son unos inconscientes, unos falsos que quieren controlar al resto de las personas.

Como un torrente que no se podía detener, se unieron las voces exaltadas y llenas de sentimientos negativos de todos los que se encontraban en la reunión:
—La felicidad es una utopía, una gran mentira —dijeron con un cierto tono de desprecio. Se alejaron del joven a un lado y no le dirigieron la palabra en toda la noche.

Santi, apartado en un rincón, los observó con tristeza. Se sintió solo y rechazado. Pensó en todos los años compartidos con aquellas personas, y durante unos minutos no supo lo que hacer. Era tan fuerte la sensación de vacío que en su desesperación un pensamiento voló hasta su cabeza: «Tal vez mis amigos estén en lo cierto y lo que imagino como felicidad sea solo una ilusión, un espejismo. Es imposible que estén todos equivocados…».
Angustiado, quiso ser aceptado de nuevo y grito:
—Mis amigos,. Lo he pensado bien, y reconozco que tampoco soy tan feliz. En muchas ocasiones estoy triste y deprimido. —
Se detuvo unos segundos para respirar profundamente y sentenció—. Además, no me gusta cómo vivo…

Sus amigos, al escuchar su confesión, se acercaron. Amparo, con una media sonrisa, comentó en voz alta:
—Bienvenido al club. Todos estamos igual que tú. Nosotros somos infelices, insatisfechos de nuestra vida, resignados a vivir en esta historia vacía…, pero juntos compartimos nuestros miedos y nos recreamos en nuestra infelicidad.

Raúl le agarró del hombro y le dijo:
—Mi amigo, no te preocupes, esa infelicidad es algo normal, le sucede a todo el mundo. Nosotros estamos frustrados con nuestra forma de vivir, pero comprendemos que nuestra situación es algo natural. Cuando alguien dice que es feliz, le recomendamos que visite a un psiquiatra, a un psicólogo o un coach, como hacemos todos. Ellos te ayudarán a volver a ser como nosotros, a recuperar la cordura.

Santi, aliviado al ser aceptado por el grupo, los miró a los ojos y sintió que su vida volvía a la normalidad. El hijo pródigo había vuelto a casa.
REFLEXIÓN PERSONAL

Cuando una persona nos dice que es plenamente feliz, suele aparecer en nosotros un sentimiento de incredulidad. Si nos confiesa que disfruta de lo que hace, tendemos a cuestionarlo, y una parte de la sociedad incluso rechaza a este tipo de personas.
Nos han enseñado que lo habitual de la vida no es disfrutar, que lo frecuente es la tristeza, el sufrimiento, la ansiedad… Que lo llamado felicidad, es solo algo esporádico que sentimos de vez en cuando. De hecho nuestra cultura vive arraigada en frases como: «La vida es trabajar duro», «si quieres algo tienes que luchar», «esta vida es un valle de lágrimas», y muchísimas otras expresiones que nos indican que lo habitual en la vida es el sufrimiento.
Sin embargo, el Universo nos da oportunidades a diario para que vivamos de acuerdo con nuestro corazón, para que respetemos nuestras ideas y cumplamos nuestros sueños. Cuando lo hacemos vivimos en paz y armonía, y eso nos lleva a la tan deseada felicidad.
Nosotros decidimos si queremos vivir en la plenitud, dando gracias por todo lo que tenemos, o si por el contrario queremos vivir en la carencia y en el miedo, quejándonos de lo que no tenemos. Somos los únicos responsables de nuestras decisiones y estas determinan nuestra forma de vivir.
Tenemos la llave de la felicidad a nuestro alcance.
¿Quieres ser feliz?
Solo tu lo decides

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