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Un corazón a trocitos

Un joven rapanui paseaba sumido en sus pensamientos por el volcán Rano Raraku en Isla de Pascua. Se acercó al hombre más sabio de la isla y le dijo:
– Viejo amigo, mi corazón está intranquilo, en los últimos últimos meses me han sucedido situaciones difíciles de aceptar: He perdido a la mujer que amaba, un buen amigo dejó de hablarme y mi padre esta enojado conmigo. Mi corazón a sufrido mucho. Creo que se rompe a trozos con cada dolor y que nunca va a estar completo. Me pregunto: ¿Quién va a querer un corazón a trocitos?
El anciano, lo miró a los ojos y le contestó:
-Dile a tu corazón que este tranquilo, que los corazones tienen heridas, cicatrices, agujeros, algunos muy antiguos y otros muy recientes. Dile que están hechos con trocitos de otros corazones, de pequeñas decepciones y de grandes triunfos, de mil batallas y de mil amores, de actos de amistad y de abandono, de generosidad y de miedo…

– Por favor – dijo el muchacho – Me gustaría saber cómo se mantienen juntos esos trozos de corazones distintos.
– Se unen con un pegamento muy poderoso y casi indestructible compuesto de confianza, recuerdos y amor universal. Confianza en que todo es perfecto, recuerdos que nos ayudan a entender nuestras raíces y amor universal donde no existe el miedo ni el rencor.
Los corazones a trocitos son corazones que no buscan la perfección y que sólo quieren vivir en paz. Son los que dan y no piden nada a cambio. Son corazones que caen una y mil veces y se vuelven a levantar siempre sonriendo. Son los que miran con los ojos del niño que llevan dentro, con una mirada traviesa, sincera, divertida, y se apoyan en otro corazón para calmar un poco el dolor. Son corazones que saben que esos trocitos les enriquecen y les ayudan a crecer.

– ¿Cómo puedo aceptar que mi corazón está hecho de pedacitos de otros corazones?
– Lo puedes aceptar cuando ves cómo esos corazones se convierten en símbolos, en faros que alumbran y guían el camino a otros corazones ¡Qué sería del mundo sin ellos!

– ¿Cómo puedo hacer para tener un corazón perfecto, sin agujeros, sin cicatrices, …?
– Dile a tu corazón que no quiera ser perfecto, que desista de ser el mejor, que abandone la idea de no sufrir, que la vida es amor y en ocasiones dolor, que vivir es luz y alguna vez oscuridad, que es alegría y por momentos tristeza, que un corazón humano es el que vive, ama y sufre…, y ese sufrimiento, también es vida. Recuérdale, que hemos venido a aprender de lo bueno y de lo malo, y que nosotros elegimos cómo lo vamos hacer.

Al escuchar las palabras del anciano, el joven comprendió y le dijo:
– Gracias viejo amigo. Mi corazón ha entendido, y sobre todo, sintió cuando me hablaba, que un trozo de su corazón se vino a mío y uno del mío se fue al suyo, y gracias a ello, el amor que habita en Vd., se ha fundido con el mío y ahora son uno.
El sabio lo envolvió con una mirada llena de amor y le respondió:
– Muy bien compañero, si aprendes a escuchar tu corazón, este se irá construyendo de más y más trocitos, lo que significa, que estará hecho de más y más amor.

El muchacho puso la mano en su corazón y por primera vez, sintió con gratitud cada cicatriz, rozó con cariño cada grieta, acarició cada trocito y se llenó de amor por la vida.

A ti, que estas leyendo este cuento ahora mismo, sin que lo notes, de forma sutil y casi invisible, ha saltado de tu corazón un trocito y se ha unido al mío, y de mi corazón, brotó un pequeño trocito y se fundió con el tuyo.

Gracias por compartir un trozo de mi corazón. A partir de hoy, yo cuidare tu trocito, y si te apetece, cuida tu el mío.

Maururu Mahatu

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