pata palo 4

El cuento de las tres lecheras

Tres amigas llevaban cada una un cántaro de leche en la cabeza. Se dirigían al mercado para vender la leche que acababan de ordeñar. Cada una solo tenía una vaca como patrimonio. Por el camino no hablaban, cada una iba sumida en sus pensamientos:
La de ojos verdes pensaba. <<Con la venta de este cántaro de leche voy a comprar 5 gallinas y 2 gallos. En un año recogeré más de 300 huevos, y tendré 100 pollos de carne. Al final del año los venderé y compraré 10 cerdos. Los engordaré durante 2 años y después los venderé. Con ese dinero me compraré 10 vacas y 10 terneros, que haré engordar durante 5 años, y al final los venderé y con esa gran suma de dinero llevaré a mis hijos a la universidad…y seré más rica que mis amigas”
La de ojos azules pensaba. <<El año pasado no pude comprar ni una sola gallina con el dinero que me dieron por la vente de la leche, fue un desastre. Este año será igual, estoy segura que estará el comerciante de la Isla, y me estafará. Después al llegar casa mi marido me insultara como el año anterior, y no me agradecerá nada. El año pasado no recogí nada más que 10 huevos, y fue un desastre, este año será lo mismo. No sé por qué lo sigo intentando si está claro que todos años se repite lo malo, no puedo dejar de pensar en todo lo negativo que recibí en años anteriores, y como nunca podre comprar las 10 vacas ni los 10 terneros, y mis hijos nunca podrán ir a la universidad…y siempre seré pobre”
La de ojos marrones; iba sonriendo, ocupada de llevar fuerte el cántaro para que no se cayera la leche, mientras miraba el camino atenta a los obstáculos que había en la senda. Su madre le había enseñado que lo importante era disfrutar momento presente mientras recorría el camino observando la ruta con atención. Que su misión durante el trayecto era gozar del paseo, de sus amigas, de las margaritas, del olor del campo, sin perder de vista el camino. Que para conseguir vender la leche, lo primero era llegar al mercado, viviendo en el aquí y en el ahora. Que solamente si estaba atenta a lo que sucedía en el camino con toda su energía, podría tener el dinero para cumplir sus sueños.
La de los ojos verdes, iba tan sumida en sus pensamientos de lo que sucedería en el futuro, que no vio una piedra del camino y tropezó con ella, cayendo el cántaro al suelo y rompiéndose en mil pedazos. La joven lechera lloraba y lloraba sentada en el polvo del camino por qué ahora no podría llevar a su hijos a la universidad, nunca sería rica.
La de los ojos azules, iba tan sumida en sus pensamientos de lo que había sucedido en el pasado, que no vio una piedra del camino y tropezó con ella, cayendo el cántaro al suelo y rompiéndose en mil pedazos. La joven lechera lloraba y lloraba sentada en el polvo del camino por qué ahora sus premoniciones se había hecho realidad, todo le salía mal, nunca podría llevar a su hijos a la universidad, nunca sería rica.
La de los ojos marrones, estaba tan atenta de su presente, que la piedra del camino y la esquivo con soltura, evito que el cántaro cayera al suelo y suspiro al ver a sus amigas que lloraban y lloraban sentadas en el polvo del camino. Ahora comprendió y agradeció las palabras de su madre, lo importante que era estar atenta a la vida, a disfrutar de cada paso, a evitar las piedras del camino y ayudar las personas con las que nos cruzamos. Dejo el cántaro a un lado, ayudo a levantarse a sus amigas, y limpiando sus lágrimas, les dijo que no se preocuparan que siguieran al mercado. Ellas entre sollozos la acompañaron, y una vez entre comerciantes, como había menos leche, la lechera consiguió el mejor precio que nunca había pagado por un cántaro de leche. Ella miro el dinero, lo partido en tres partes iguales, y lo repartió con sus amigas.
Ellas, asombradas no sabían que decir, y la joven de ojos marrones les repitió las palabras que le contaba su madre en las noches de tormenta:
“Quien ayuda a una persona se ayuda a si misma. Cuando compartimos la riqueza somos más ricos, cuando compartimos el amor somos eternos. Aquí y ahora os ayudo y me ayudo a mi, aquí y ahora comparto la riqueza y el amor y somos eternas”
Las tres se abrazaron, y entre lágrimas y risas retornaron a casa, muchos más ricas en emociones, compartiendo, juegos, esperanzas, sueños, y disfrutando de cada palabra, de cada instante, de cada abrazo, de cada palabra, del atardecer que iluminaba sus caras, mientras caminaban atentas al camino, a las piedras que habían en el, y a las flores que lo cuidaban, ellas comprendieron que el pasado ya no existe, y que el futuro no sabemos si llegara, que lo único importante en la vida es disfrutar de este momento presente, y comenzaron a cantar…

Reflexión Bioconsciente
Disfruta, ama, ríe, llora, juega, canta, baila…. Y hazlo aquí y ahora, olvida el pasado, agradécelo por darte la oportunidad de ser quien eres, y olvida el futro, tal vez no llegue nunca, y recuerda que algún día será el momento de tu despedida física, pero mientras llega ese momento, celebra la vida en este momento presente, hónrala, y entrégate a vivir haciendo lo que te gusta y te hace feliz, aquí y ahora…
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